Nació en Buenos Aires en 1879. Soberbio forjador, patina el hierro admirablemente. El hierro habla en sus manos de artista, con ritmo de poema y hay en su espíritu la facultad de revivir la historia. Pintor y dibujante, se encuentran algunas de sus obras perdidas en algún rincón de su taller. Bohemio, lo enamora su realidad artística, y su creación va mostrando objetos: pulseras, candelabros, cofres, todo en hierro forjado y así llega a su tema favorito: la pátina. En ella afirma con un convencimiento tan pleno, como desprovisto de mezquindad, “he conseguido lo que nadie ha hecho todavía en el país. Trabajo sobre modelos de yeso, de madera y hasta sobre modelos naturales”. Así se ven unos cardos que fueron naturales, convertidos por arte y ciencia de su magia en dos cardos de hierro, sin haber perdido una sola espina. En eso prosigue: “me he perfeccionado mucho, y hace tiempo vengo acariciando el proyecto de fundar una escuela en la que los escultores aprendan no solo a modelar su obra, sino a terminarlas completamente, a fundirlas y patinarlas como hacían antiguamente. Con González Castillo, gran amigo, perseguimos mucho este fin, aunque la muerte se lo llevó demasiado pronto”. Maestro de toda una generación, en 1905 tenía una academia de la que surgieron muchachos hoy artistas maduros. Dijo el artista: “mis conocimientos artísticos y dominio de la química me transformaron en lo que soy ahora. Alguien me ha llamado el último bohemio, pero no. Me hacen muy viejo con esto y además sé que hay muchos bohemios todavía”. Antes de dejarlo nos acercamos a una pequeña cabeza de Moisés. “Esta cabeza, dijo, desapareció una vez de mi taller. Después de algún tiempo de inútiles averiguaciones, alguien la trajo. Le pregunté al Moisés, que fue de ella en su ausencia y no supo responder. Se ha convertido en uno de los tantos misterios que me rodean” (Luis Grau). En 1914 asistió junto a Agustín Riganelli, José Arato, Benito Quinquela Martín, Florencio Sturla y Juan Grillo una muestra del Salón de Recusados Rechazados del Salón Nacional. Integró el Grupo de Boedo entre 1924 y 1929, una vanguardia artística integral, en el que participaban hombres de teatro, músicos y artistas plásticos. Concurrió a la Exposición de la Peña Pacha Camac de Boedo en el Banco Municipal en 1942 y 1943. (Revista Caras y Caretas N°2097, página 36, Buenos Aires, diciembre 19 de 1938). Nació en Buenos Aires en 1879. Soberbio forjador, patina el hierro admirablemente. El hierro habla en sus manos de artista, con ritmo de poema y hay en su espíritu la facultad de revivir la historia. Pintor y dibujante, se encuentran algunas de sus obras perdidas en algún rincón de su taller. Bohemio, lo enamora su realidad artística, y su creación va mostrando objetos: pulseras, candelabros, cofres, todo en hierro forjado y así llega a su tema favorito: la pátina. En ella afirma con un convencimiento tan pleno, como desprovisto de mezquindad, “he conseguido lo que nadie ha hecho todavía en el país. Trabajo sobre modelos de yeso, de madera y hasta sobre modelos naturales”. Así se ven unos cardos que fueron naturales, convertidos por arte y ciencia de su magia en dos cardos de hierro, sin haber perdido una sola espina. En eso prosigue: “me he perfeccionado mucho, y hace tiempo vengo acariciando el proyecto de fundar una escuela en la que los escultores aprendan no solo a modelar su obra, sino a terminarlas completamente, a fundirlas y patinarlas como hacían antiguamente. Con González Castillo, gran amigo, perseguimos mucho este fin, aunque la muerte se lo llevó demasiado pronto”. Maestro de toda una generación, en 1905 tenía una academia de la que surgieron muchachos hoy artistas maduros. Dijo el artista: “mis conocimientos artísticos y dominio de la química me transformaron en lo que soy ahora. Alguien me ha llamado el último bohemio, pero no. Me hacen muy viejo con esto y además sé que hay muchos bohemios todavía”. Antes de dejarlo nos acercamos a una pequeña cabeza de Moisés. “Esta cabeza, dijo, desapareció una vez de mi taller. Después de algún tiempo de inútiles averiguaciones, alguien la trajo. Le pregunté al Moisés, que fue de ella en su ausencia y no supo responder. Se ha convertido en uno de los tantos misterios que me rodean” (Luis Grau). En 1914 asistió junto a Agustín Riganelli, José Arato, Benito Quinquela Martín, Florencio Sturla y Juan Grillo una muestra del Salón de Recusados Rechazados del Salón Nacional. Integró el Grupo de Boedo entre 1924 y 1929, una vanguardia artística integral, en el que participaban hombres de teatro, músicos y artistas plásticos. Concurrió a la Exposición de la Peña Pacha Camac de Boedo en el Banco Municipal en 1942 y 1943. (Revista Caras y Caretas N°2097, página 36, Buenos Aires, diciembre 19 de 1938).