Escultura

Riganelli, Agustin

Buenos Aires
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Nació en Buenos Aires el 19 de mayo de 1890 y falleció en la misma ciudad el 4 de noviembre de 1949. En sus comienzos trabajó en oficios (principalmente como ebanista) que no estaban relacionados con su vocación de escultor. En 1914 presentó algunas de sus obras al Salón Nacional, pero no fueron aceptadas, situación que lo llevó organizar, junto a otros artistas que tampoco fueron admitidos, el Primer Salón de Rechazados. En 1920 recibió su primer premio en su primera muestra individual de la Galería Costa, y es allí donde comienza a ser reconocido. En los años sucesivos fue galardonado con numerosos premios: en 1921 ganó el segundo Premio Nacional y el primero Municipal del Salón Primavera; este último también lo ganó al año siguiente. En 1921 realizó su primer viaje a Europa, concretamente a Palos de Moguer, España, donde levantó un monumento conmemorativo del vuelo del Plus Ultra. En 1924 y 1925 consiguió el Primer Premio Medalla de Oro del Salón Municipal en las categorías de escultura y talla en madera. Entre 1926 y 1930 realizó numerosas exposiciones, entre ellas la que realizó en la Asociación de Amigos del Arte o en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. De regreso a Argentina, fue invitado de honor del Museo Nacional de Santa Fe y expuso en dos ocasiones en los Salones de la Asociación Amigos del Arte y en el Salón del Diario "El Día" de la Plata, provincia de Buenos Aires. En 1937 volvió a Europa para formar parte de la Exposición Internacional de París, donde consiguió la Medalla de Plata. Ese año realizó su última exposición; en ella se pudieron admirar veintiocho de sus mejores obras. Realizó retratos y cabezas, especialmente de niños en varios procedimientos y materiales como yeso, madera, bronce y piedra. Esculturas naturalistas de acento humano y popular, las tallas de madres proletarias, relieves de mujeres de arrabal y frisos con hombres de trabajo de las barriadas populares encarnan ideales humanitarios de los grupos de artistas de Barracas y de Boedo en la común preocupación social reivindicatoria. Riganelli ofreció una variante a su lenguaje inclinándose hacia la geometrización de las formas, corriente en la cual no persistió. Recibió la influencia del expresionismo recibió la influencia. Sin maestros, sus primeros trabajos denotan ya ese gusto innato, sentido de la forma, percepción de la psicología de sus personajes, que forma parte sin duda de su inteligencia. En su viaje a Europa, su condición de intuitivo se complementa con el conocimiento directo de la producción de los artistas más reconocidos y por la contemplación de los clásicos expuestos en los museos. A su regreso a Buenos Aires se recluye en su barrio y en su modesto taller a trabajar, siguiendo los dictados de su sensibilidad y la fuerza interior que son transmitidas a través de sus obras en las que al decir de Chiabra Acosta, hay monumentalidad no solo en las de mayores dimensiones. Hay también grandeza en las obras más pequeñas, Hilda Heller.